Una ciudad ecológica, más humana y eficiente, debe impulsar sin excepción una movilidad urbana sostenible. Se trata de satisfacer las necesidades de desplazamientos de las personas para alcanzar sus derechos (trabajo, salud, educación, entre otros) pero considerando los impactos ambientales y humanos que causaren.

Con esa premisa, el gobierno porteño desincentiva el uso del auto con una fuerte promoción del transporte público automotor de carriles exclusivos, las peatonalizaciones y el ciclismo, mientras relega al subterráneo, siendo el  transporte público masivo más ecológico y eficiente.

De esta manera, se busca reducir los problemas asociados de congestión, accidentes, contaminación y consumo de recursos no renovables, empleando diversas estrategias como: fotomultas por infracción al tránsito, precios elevados de los combustibles, restricciones al estacionamiento, subsidios en tarifas de transporte público y peatonalización de calles, entre otros.

Los gobiernos sufren la paradoja de luchar contra el automóvil pero, a la vez, incentivar su producción debido al impulso de la actividad económica y la creación de empleo. Argentina, cuya cultura de posesión del auto se considera erróneamente como símbolo de estatus social, es uno de los países más urbanizados del planeta donde “nacen más autos que niños” y cuya tasa de motorización (300 autos cada 1000 habitantes) es la más alta de la región.

 

Prohibido para automóviles

El microcentro fue lo primero en restringirse, luego le tocó al Casco Histórico y Retiro, y dentro de unos meses, a la zona de Tribunales. El espacio rectangular de dos kilómetros por un kilómetro de lado quedará limitado para el ingreso de autos entre las 11 y las 16. La franja horaria se ampliará de 9 a 18 el año próximo.

La medida implementada es acertada como política pública de transporte para agilizar el tránsito en el área central, pero vale preguntarse: ¿Cuáles serán las consecuencias ambientales? ¿Se podrá disfrutar de una mejor calidad de aire? ¿Hacia qué modos alternativos de transporte se volcarán los automovilistas? ¿Qué impactos se esperan en las fuentes de trabajo de comercios y garajes? ¿Qué se hará con los espacios libres en los que debieran primar áreas verdes?

La reducción de la cantidad de autos mejorará sin duda la calidad atmosférica del área afectada. Sin embargo, el ambiente de la zona no se librará de los gases contaminantes provenientes del transporte público automotor a menos que los colectivos y taxis actuales cambien sus motores de combustión interna por motores eléctricos. Tampoco de los ruidos molestos de las motos de mensajería y delivery, móviles policiales, ambulancias y camiones de caudales, mudanzas y reparto de diarios, quienes están exceptuados de la restricción.

El cambio modal de los automovilistas hacia las distintas alternativas de transporte urbano dependerá de sus ingresos, nivel cultural, facilidades de acceso o nivel de servicio del modo elegido. Los automovilistas de mayores ingresos se inclinarán por el taxi y los de menores ingresos por el transporte público. El subterráneo podría recibir a miles de pasajeros adicionales si se decidiera invertir en construcción de más líneas, aumento de flota de trenes y mejora de la frecuencia.

La opción por la bicicleta está condicionada por la seguridad vial, la falta de espacios para resguardo y la provisión de vestuarios y duchas para ciclistas. Los viajes en bicicleta crecieron pero aún resultan marginales, a pesar de los recursos públicos destinados al programa Ecobici con la construcción de kilómetros de ciclovías y bicisendas e instalación de puestos de bicicletas públicas gratuitas -única en el mundo-, aunque en futuro pasará a manos privadas. Los incentivos económicos no han sido todavía explorados como por ejemplo el pago a ciclistas por kilómetro pedaleado.

Los impactos sociales negativos comprenden a las pérdidas de empleos de los garajes y estacionamientos por la reducción de vehículos en circulación. Los lugares que llegaran a desocuparse por el cierre eventual de la actividad deberán prever los impactos negativos de las construcciones edilicias considerando la modificación pertinente del Código de Edificación.

Otro grupo afectado lo integran los comerciantes de la zona, quienes no fueron informados directamente por las autoridades ni tuvieron oportunidades de participar en el proceso de tomas de decisiones para el planteamiento de problemas en sus actividades, como la carga y descarga de mercaderías e impactos en las posibles ventas por la baja de clientes automovilistas.

La movilidad urbana sostenible requiere de la consideración de una amplia variedad de aspectos (de las cuales citamos algunos) que consideren a las personas como sujeto central, tanto a las que circulan, como a las que trabajan, debiendo ser un derecho humano para alcanzar otros derechos, no para perderlos.

 

* Ingeniero Civil - Especialista en Política y Planificación de Transporte.