El periodista Luis Ventura habló sobre el extraño momento donde fue a una entrevista y terminó adentro de un ataúd. "La muerte no me mueve un pelo", reflexionó la figura de los medios en una entrevista.

Invitado a LAM (América TV), Ventura repasó cómo fue que terminó adentro de un ataúd y cuándo le preguntaron si tenía miedo de morir confesó: "Quiero desdramatizar. La muerte no me mueve un pelo, salvo que sea de alguien que yo quiero porque se trata de una partida que uno la siente. La muerte está dentro de la vida"

Tweet de América TV

"Me acuesto a dormir con las cenizas de mi padre, mi madre y todos los perros que he tenido, en mi dormitorio", agregó ante las miradas de horror de las angelitas, quienes aprovecharon para mofarse del periodista. "Tenés un cementerio adentro del dormitorio", bromearon, haciendo que Ventura reaccione con un implacable: "¿Cuál es la diferencia de que las cenizas estén en el patio de tu casa que en el dormitorio?".

"Silvia Freire fue compañera mía en Desayuno Americano. Me contactó, me dijo que estaba por arrancar un programa en el cable y me invitó a ir. Era una nota normal hasta que en un momento me dice: hagamos un break. Veo que había un mesa con un mantel. Ella saca el mantel y aparece un féretro. Abren la tapa y queda como un un sillón con respaldo. Ella me invita a sentarme ahí con ella", indicó el conductor de Secretos Verdaderos (América TV).

Horas después, el periodista amplió la historia en un editorial publicado en PrimiciasYa y sumó: "Freire armó el féretro para que quedara como un sillón de dos plazas. Me preguntó si me animaba a sentarme en él junto a ella para seguir la nota allí. Raro, muy raro, pero yo ya estaba en el baile y seguí ahí respondiendo todo tipo de preguntas. De pronto, la misma Freire me dijo si me animaba a acostarme adentro del cajón mortuorio".

"Fue incómodo porque el ataúd era muy chico y yo soy grandote. Estaba muy apretado pero le hice la segunda a Freire y seguí la nota cada vez menos confortable… En un momento Freire intentó cerrar el féretro y ahí le dije que no porque ése era el límite. Seguimos la nota un tiempo más. Me regaló una escultura en madera, la saludé cordialmente y me fui a mi casa", cerró Luis, en su artículo.

Fuente: El Destape