El Ministerio de Trabajo no tuvo más remedio que dar los datos oficiales sobre cómo evolucionaron los salarios. Y el Indec no puede obviar dar los números sobre la inflación. El cruce de esos dos índices no hicieron más que confirmar lo que todo trabajador ve cuando vuelve del supermercado: los precios suben más que cualquier otra cosa, aunque el gobierno se esfuerce en decir que “lo peor ya pasó” y que hay menos pobreza.

Según difundió Clarín, los salarios en blanco tuvieron una mejora del 4,8% entre diciembre y febrero, mientras que la inflación en esos mismos meses fue del 7,5 por ciento. En un sencillo cálculo, podemos decir que los trabajadores perdieron 2,7 puntos ante la inflación.

Un dato importante para sumar es que el parámetro utilizado por el Ministerio que dirige Jorge Triaca son las cifras del Remuneración Imponible de Trabajadores Estables, que ubica el salario promedio en más de 27 mil pesos. Ese valor que permitiría cubrir la canasta familiar, que ya roza los 18 mil pesos, pero que está lejos de lo que cobra la gran mayoría.

Además, en los números proporcionados por el Indec, la inflación está subvaluado el peso de las tarifas en los gastos familiares. O sea, no mide realmente las consecuencias del tarifazo en la vida cotidiana.