La 125
Se cumplen diez años del conflicto con el campo. Una hipótesis rápida es que ahí nació el kirchnerismo, pero para nacer necesitó que nazca algo primero: el anti kirchnerismo, la pasión de un sector de la sociedad que revivió un anti peronismo del siglo 21. 

 

¿Qué marcas dejó la 125? Vamos a obviar varias cosas para este breve análisis: a) el detalle técnico del decreto y su supuesto “error” de cálculo (sería injusto que el kirchnerismo le cargue la romana a Lousteau para terminar dándole la razón a Biolcatti); b) la discusión tributaria más general. Me interesa enfocarme en cómo ese conflicto impactó en el modo de hacer política. ¿Qué había pasado antes? CFK había sido elegida con el 45% de los votos, a más de 20 puntos de la segunda fuerza, encabezada por Carrió. El gobierno de Kirchner (2003 a 2007) tuvo una lectura progresista de la crisis de 2001, registrando el rechazo urbano a la “vieja política” y compartiendo la lectura retroactiva sobre el llamado “neoliberalismo”. La audacia transversal de Kirchner (que a la larga fue el salvataje ideológico del peronismo) produjo una forma directa y desenfadada de representar a la sociedad metropolitana que pidió “que se vayan todos”. Kirchner tenía política de seducción para la minoría progresista y economía a tasas chinas para la mayoría. 

Pero llega el 2008 y se cierra ese ciclo. Se empieza a acabar el crecimiento a tasas chinas… y vuelven las cacerolas, las plazas, las capas medias a las calles. Sin embargo, esta “vuelta” siete años después, ya no es en el rechazo abierto a una situación general desorbitada (corralito, desocupación, hambre, saqueos, represión), sino a una política fiscal. Ya no es el cacerolazo enérgico contra De la Rúa, Cavallo, Menem, sino un cacerolazo más puntual contra una medida estricta del gobierno que colocaba un techo virtual a la ganancia de un sector económico que desde 2002 (en la presidencia de Duhalde) había vuelto a tener retenciones. En la revista Horizonte A, el economista Iván Ordóñez, escribe en el aniversario de la 125 y en defensa del sector: “El 10 de marzo se cumplirán diez años de la fatídica Resolución 125 y del inicio de la mayor sequía desde el retorno de la democracia. Las consecuencias que se avecinan por la #Sequía18 desnudan que como sociedad aprendimos muy poco de ambos eventos.” Efectivamente el 2008 debería ser recordado como el de la disputa política por las retenciones y como el año de una sequía que comienza prácticamente tras el voto no positivo de Julio Cobos. Dice Ordóñez: “Clausurar la discusión de la Resolución 125 no solo implica cumplir con el calendario de reducción de retenciones que traslada la carga impositiva al Impuesto a las Ganancias, sino también trabajar por un sistema de seguros climáticos todo riesgo que proteja a todos los que participan de los agronegocios del impacto cada vez más violento del cambio climático.”

En otro artículo en la revista Panamá (y en otro ángulo ideológico), el sociólogo José Muzlera rememora también: “el conflicto desatado el 10 de marzo de 2008, con la Resolución 125/8 del Ministerio de Economía, no fue producto del aumento de las retenciones, fue producto de la desarticulación simultánea de dos fantasías: 1) el reconocimiento social de los pequeños empresarios agrarios, emprendedores, como sujetos salvadores de la patria y; 2) la idea de que seguir acumulando era el resultado de acciones y libertades individuales.” Diríamos: si el 2001 estalla en las capas medias porque coloca un cepo a los “ahorros”, un límite de extracción en las cuentas sueldos, y declara un Estado en bancarrota sin cobertura social para un país lleno de pobres; el 2008 resulta una suerte de cepo en la fantasía de las ganancias. Un 2001 “por arriba”. Condensa esta vez en serio aquella consigna decembrista (“¡piquete y cacerola, la lucha es una sola!”): los piquetes agrarios (129 días de cortes de ruta) y las cacerolas tejen una alianza, el mapa verde de una Argentina productiva con su flujo entre ciudad y campo, entre soja y boom inmobiliario. Y es el borrador electoral de Cambiemos. El macrismo es también hijo del 2001 (los jóvenes del mundo privado que se “involucran” en lo público tras el default de la clase política) y del 2008 (la sociedad verde, sojera, de energías renovables, no corporativa, ni sindical, que se quiere sacar al Estado de encima y carece de representación). Las plazas de 2008 es la sociedad que preexiste a Cambiemos. Pero quiero destacar el punto de inflexión que produjo el conflicto en las formas de hacer política y que aún persiste, aunque ya desgastado. Veamos:

Una confianza completamente extendida acerca de “la movilización”. En Argentina todos creen que en la calle algo se obtiene. Pero en 2008 hubo una gimnasia de movilización social que rompió la hegemonía de la izquierda y el peronismo sobre el espacio público. Dicho fácil: la calle es de todos, incluso de las derechas que se movilizan y logran por vías democráticas el cumplimiento de sus demandas. 2008: ¿el año en que la derecha se democratizó? Si bien habían existido, por ejemplo, las movilizaciones de Blumberg, esto fue otra cosa: un sector directo de la economía y la sociedad que se vanagloriaba de su espontaneidad y su no “clientelismo”, y que movilizaba a miles. 

Nace la grieta. Las “corporaciones” fue el nombre de un conjunto de sectores que muestran que “la sociedad existe”, pero que los intereses concretos existen aún más. Nace la grieta. La percepción de que en 2008 se produce una fractura que revive una vieja polaridad nacional. De un lado y otro irrumpieron lenguajes politizados (desde “clima destituyente” hasta “yegua montonera”, desde Kirchner gritando “comando civiles” hasta la queja contra “el clientelismo”). Junto a eso, se incorporan a la discusión pública intelectuales, académicos. Nacía un territorio simbólico denso (recordemos que en 2013, en el programa político más visto del grupo Clarín, se burlaban directamente de los “intelectuales de Carta Abierta”). Néstor Kirchner quiso rearmar un lenguaje ideológico que ubicó al campo en su lugar “histórico” de oligarquía contra los “intereses populares” sin haber leído la historia última del campo y sus transformaciones. Lejos de aparecer como “clase dominante”, el campo mostraba un tejido de intereses que aupaban a la Federación Agraria con la Sociedad Rural. 2008: ¿y el pueblo dónde estuvo? Si el 2008 hace nacer al kirchnerismo, a diferencia del peronismo, nace como “minoría intensa” y no como mayoría. Nacen las dos minorías: los tercios que definen más el clima político que el resultado electoral. (De hecho, podríamos decir que desde 2008 el kirchnerismo ganó una sola elección de cinco.)

La politización. La derivación en el conflicto con Clarín: la llamada “batalla cultural”. El conflicto de la 125 en su disputa de sentido hizo nacer el conflicto con Clarín, cuando Kirchner vio los cacerolazos, se preguntó cuál era el centro de eso. Desde ahí, el reflejo de comprender a cada actor o sujeto de la vida pública en su dimensión política, “desde dónde habla”. De Tinelli hasta un relator de fútbol. La política se volvió parte del espectáculo y el espectáculo parte de la política. 

Hoy, en Moreno, una agrupación se llamó “La 125” en homenaje tal vez no sólo a la disputa de aquellos días sino a la irrupción generacional que significó: el kirchnerismo necesitó perder para “ser”, necesitó evidenciar que no todo el poder estaba en el Estado, en la derrota armó la clave de una contracultura oficial contra los que llamó “poderes fácticos”. Más que la patria, su frase fue: el poder es el otro. Por eso quizás el peor momento kirchnerista fue a partir de su 54%, la contracara de tener demasiado poder encima. 

La 125 dio vuelta como una media al 2001: todo es política pero no todo el poder está en ella. Y sobre esto habrá que volver. La 125 dejó instalada una nueva cultura política: más ideológica, más intensa, más desnuda, más confrontativa, que satura, aturde y vuelve a empezar, y con la que Cambiemos sabe (y muy bien) hacer su juego: delimitarla y reservarse el monopolio de conversación con los vastos sectores que no les gusta la política. Pero esa ya es otra historia.