Pasados unos días de la marcha a la que convocará Hugo Moyano, y habiendo bajado la espuma optimista de los organizadores y la desestimación de la misma por parte de funcionarios del gobierno, cabe preguntarse que unió a quienes participaron de la misma. Y quizás como extra del análisis podamos, también, entender de donde nacen los cantos en contra del Presidente en distintos espacios públicos.

Pero empecemos por el principio, a veces es más fácil hacerlo por lo que no es o no significo la marcha. Seguramente nadie de los que fue al acto de los trabajadores, concurrió por la brillante oratoria de Moyano, tampoco participó a la espera de un acto “revolucionario”, ni mucho menos porque de allí se garantizaría la unión del peronismo, catalizador natural de las frustraciones políticas en Argentina. Casi con seguridad tampoco participaron a la espera de la foto de los próximos dirigentes del país en un mismo escenario.

 

 

Por supuesto que hay subyacente un reclamo, reclamo que muchos sectores tienen hacia el gobierno, pero que no encuentra espacio donde expresarse, y he aquí el secreto del éxito de la movilización.

El sindicalismo, el peronismo, los partidos de izquierda, las organizaciones sociales y otros actores con llegada directa a la ciudadanía, sienten y viven en carne propia la desaparición de sus reclamos, ya no importa si son válidos o no, no están, no existen, no se conocen, no se visualizan, por ende no importan.

En la disputa del poder, disputa necesaria y sana para una democracia, cada uno juega un rol y trata de “imponerse” sobre los demás sectores, primero en el terreno que sabe manejar y luego ocupando espacios del otro, puestos en esa situación, ganado una porción de territorio del otro, intentará hacer llegar su mensaje y convencer a otros y así llevar agua para su molino. Esto ocurre desde que la democracia existe y desde que los distintos factores de poder influyen en el Estado. Sea la CGT, la UIA, los Partidos Políticos o Greenpeace.

Y entonces que unió a variopintas organización en la marcha del 21 de febrero? La posibilidad de ser visualizados en un terreno donde se sabe, al gobierno no le importa perder y al mismo tiempo donde el sindicalismo se siente cómodo. La calle.

La calle es seguramente el único lugar de disputa que el gobierno ha dejado libre, ha decidido no disputarlo, consciente de que el peronismo maneja muy bien ese espacio y que sería una lucha difícil de ganar, mientras distraería fuerzas en otros lugares. Hoy el poder real, del que forma parte el gobierno, administra con sapiencia los medios masivos de comunicación, las redes sociales y la relación cara a cara con la ciudadanía. Que le queda a aquellos que quieren expresar otra opinión? La calle y la masificación. Para los que abrevan del peronismo, la calle es su lugar natural, allí se dan las batallas más importantes y se dirimen los conflictos sociales, no hay entonces lugar a la duda, es el primer lugar a ganar, después discutimos todo lo demás. Es un lugar donde podemos expresar exactamente eso que ante una cámara de televisión no podemos. Y la masificación funciona en dos líneas, la primera es que te libera de la explicación posterior y por otro lado te sentís parte de un colectivo que piensa, dice y actúa en el mismo sentido que vos. Pero en este caso el plus de que el gobierno no dispute este lugar de poder, también unifica a todos los que, como explicábamos antes, no tienen donde expresar sus demandas. De eso hablamos cuando suceden los canticos en contra del gobierno, no está claro, ni lo estará, como empiezan, quien lo sugiere, lo que si queda claro es que suceden porque ahí, en  ese momento una “chispa” enciende la necesidad de  expresar un descontento que sin la masificación no se podrían llevar adelante. Por miedo, por falta de poder o por la indiferencia de los medios, pero no se puede. Rompiendo la lógica de la quietud ante la imposibilidad, la masificación crea un nuevo hecho que se hace visible ante la rareza del hecho o la fuerza que genera y logra darse a conocer.

 

En definitiva, aun no estamos ante la presencia de disputa de poder, no nos equivoquemos, solo vemos que cada  grupo de poder, por un lado uno muy firme y unificado (gobierno) y por otro parcelado y dividido (oposición, gremios, ongs. Etc.) están buscando marcar el territorio que domina, para la disputa real aquellos que hoy tienen la calle deberían transitar otros caminos, cruzar ciertas barreras y ponerse a discutir en cada ámbito visible a fin de poner en la agenda esas demandas que hoy no encuentran cause. O que el gobierno, cosa muy difícil, salga a disputar la calle.

Cada uno medirá los pasos a seguir, no esperemos que suceda nada muy pronto.