Dejás el auto en la cochera y comenzás a subir por una escalera curva. Lo primero que ves es una pileta de agua cristalina y, enseguida, escuchás el ruido del agua corriendo. Cinco escalones más arriba aparece, monumental, el casco de madera del barco pintado de azul. Antes de abordarlo, notás que te rodea un paisaje paradisíaco, el mar se extiende hasta el horizonte y el cielo se hace infinito. A lo lejos, gaviotas, un puerto, un faro y una playa. No estás en alta mar, tampoco saliste a navegar, estás en un hotel alojamiento temático de Quilmes, entraste al reino vip de las fantasías eróticas. Lo demás, corre por tu cuenta.

Nuestros abuelos nunca hubieran imaginado que aquellos hoteles discretos y humildes, a los que llamaban “amueblados” y en donde pasaba todo lo “pecaminoso, secreto y prohibido”, se iban a convertir en una suerte de Disneylandia del sexo.

Y cada vez serán más de esa manera, porque el estilo, los servicios y la temática son lo único que los puede salvar del olvido. Esos famosos “hoteles alojamiento” o “albergues transitorios” que hicieron época y que hoy todo el mundo conoce como “telos”, ya no todo el mundo los usa. De hecho, si nos dejamos llevar por los datos que manejan las cámaras del sector, cada vez se usan menos. ”La crisis de los hoteles alojamiento no es distinta a la crisis económica general, es un consumo más que está en baja en la Argentina”, señala José Capelo, Presidente de la Asociación de Hoteles Alojamiento por hora.

El empresario admite que en la merma de público también influyen el cambio en los gustos y en el comportamiento de la sociedad: “Antes era impensable que un chico compartiera la cama con la novia en casa de los padres, hoy es normal. Esos chicos de más de 18 años ya no necesitan un hotel, pero si tuvieran el dinero y se le ofreciera calidad, entretenimiento e independencia, vendrían”.

Carlos Lalín, empresario del sector, señala que, si bien los jóvenes dejaron de necesitar el hotel para salir con sus novias, cada vez más gente mayor los usa porque la vida sexual se ha prolongado, y también van los matrimonios. “El hotel dejó de ser el lugar de la ‘trampa’, ahora muchas parejas lo toman como una salida, una forma de escaparle a la rutina, un programa para recuperar la intimidad que en sus casas no consiguen tener”, explica. Además, desde 2018, el Código de Habilitaciones de la Ciudad de Buenos Aires permite el ingreso de más de dos personas, sin distinción de sexo, con lo que, el telo dejó de ser un lugar exclusivo para ser uno súper inclusivo.

Muchos son los datos que muestran que el telo se está convirtiendo en el lugar ideal para festejar una fecha especial, un aniversario, o pasar un día del fin de semana. De hecho, además de los infaltables sauna, hidromasaje, ducha escocesa y canales porno, muchos albergues anuncian “fútbol en directo”. Pocas cosas deben ser menos erotizantes que el fútbol, pero los clientes lo buscan porque el telo empieza a ser un lugar para pasar el día y hacer de todo, un polideportivo del amor.

Capelo asegura que hay dos tipos de clientes de los hoteles alojamiento, y para cada uno hay una propuesta distinta: el habitual y el que busca una experiencia novedosa. “El cliente que viene todas las semanas, se cansa de lo llamativo o lo temático, busca una ambiente minimalista, sobrio y de categoría con un servicio de calidad”, explica el empresario y detalla que para el otro tipo de cliente son las habitaciones temáticas, las que van del estilo oriental, al romano o el comentado entorno marítimo de las torres del Owen de Quilmes, una de las habitaciones más buscadas según Lalín.

El arquitecto Luis Cativa Tolosa, especialista en hotelería, ha proyectado decenas de albergues transitorios y tiene una visión sobre cómo han evolucionado este rubro. “Hoy, la arquitectura de los hoteles va en el mismo sentido del gusto dominante, los clientes quieren diseño como en un hotel 5 estrellas, ambientes en los que se note el detalle”, explica.

Piedra, madera y revoques texturados, tanto en exteriores como en interiores son la tendencias. Mármol en los baños y porcelanato en los pisos en lugar de alfombras es lo que se usa. “Los hoteles actuales van de lo temático a lo aspiracional. Hay muchos alojamientos que buscan asociar su imagen a los destinos más preciados de la clase media, así es como aparecen las palmeras cuando la referencia es Miami”, explica.

Para Lalín, el negocio de los hoteles cambió a mediados de los 70 cuando se empezó a usar la conexión directa del auto a la habitación, es decir, las cocheras individuales con acceso privado. “Hasta esa época, los hoteles eran un construcción sencilla en un terreno normal, la moda de los albergues tipo motel que se empezó a dar en la Panamericana empujó a que los hoteles de Buenos Aires incorporaran el auto y eso demandó terrenos mucho más grandes”, señala. Hoy, algunos establecimientos de capital, hasta cuentan con cochera doble, para asegurar la independencia y privacidad de los clientes.

También en la época de las películas de Porcel y Olmedo llegaron las famosas, poco práctica y olvidadas “camas de agua”. No así las redondas y vibratorias. Allí apareció la tele con programación porno que los hoteleros manejaban con mucha precaución, escondiendo la “casetera VHS” de la inspecciones de la policía.

Ahora, con los smartphone, no son necesarias ni cámaras para el uso del cliente, solo hay que tener un buen dispositivo bluetooth para que conecten los teléfonos a las pantallas. Eso sí, como las actividades en los telos no son exclusivamente sexuales, sino más bien recreativas, los establecimientos ofrecen Netflix.

El arquitecto Tolosa sostiene que el gran cambio estilístico después de los 90 fue tratar de que los telos no parecieran telos. “De pasar desapercibidos en los 60, los hoteles buscaron ser memorables en los 90 pero, con el tiempo, el desafío fue cambiar esa imagen para transmitir una de mayor categoría y exclusividad”.

De esa época es Owen, un complejo de habitaciones temáticas que parece un castillo francés en un entorno más de country que de telo. Allí, las habitaciones van de 5 a 3 estrellas y tiene suites especiales en torres de tres pisos con ascensores. Obvio, todas con cocheras individuales.

También el Hotel Torres de Lago tiene ese estilo, frente a la Universidad de Lomas de Zamora, en Monte Grande. Este telo se promociona como el más grande de Sudamérica y entre otros servicios, ofrece “cocina de autor como los mejores hoteles internacionales”. Con habitaciones en dúplex y triplex, las más lujosas tienen mesa de pool.

Tolosa afirma que el truco de los hoteles es ofrecer una arquitectura con todo lo que no “tenés en tu casa”, así no solo los servicios de spa y equipamiento electrónico hacen la diferencia, también el estilo. “Los espejos, la iluminación y el tratamiento en los cielo rasos es clave”, explica y agrega ahora se usa la luz blanca dimerizada, es decir que se puede regular la intensidad, además de que los tableros touch screen permiten elegir distintas “escenas” con mayor intensidad en algunos puntos de la habitación y menos en otros.

En sus proyectos, el arquitecto evita las luces puntuales sobre la almohada para no deslumbrar y las coloca sobre las mesas de luz y otros lugares de apoyo, como para no olvidar nada en medio de la penumbra general.

Por otro lado, Tolosa afirma que el uso de los espejos debe ser nutrido pero señala que hay un lugar donde no deben faltar: junto al perchero o la puerta de salida, para “chequear cómo estamos”, antes de abandonar la habitación.

“Los cielorrasos son los que le dan la onda al hotel, es lo que le da movimiento y una toque de distinción que, generalmente, no tenés en tu casa”, señala y asegura que los telos demandan una renovación constante de sus habitaciones para estar a la moda. “La idea es ofrecer, constantemente, una imagen actualizada, estar dentro de lo que se usa”.

Nuevos servicios de lunch, desayunos y bebidas gratis, precios promocionales y horarios extendidos son las estrategias de marketing que ensayan los establecimientos para retener clientela o incrementarla.

Los últimos años se han visto cerrar tradicionales telos porteños, un poco por la crisis del sector y otro porque terrenos bien ubicados se han vuelto presa apetecible del negocio inmobiliario. “El desarrollo inmobiliario es imparable, ante eso no hay rentabilidad que resista”, señala Capelo. Mientras tanto, para hacerle frente a la crisis, Capelo y Lalín coinciden: "Si tuviera que hacer un hotel ahora, trataría de tener igual cantidad de habitaciones temáticas y minimalistas, hay que atender a todos los tipos de clientes".

 

Fuente: Clarín