Jorge Sampaoli es el director técnico de la selección argentina . Nunca dejó de serlo, más allá de que los dirigentes, a través del amplificador mediático, se encargaron de filtrar desde la eliminación en el Mundial de Rusia que tenía los días contados.

Es más, este lunes, cuando se conoció que se estaba llevando adelante la cumbre en Ezeiza entre el técnico, el presidente de la AFA, Claudio Tapia y el vice, Daniel Angelici, la información que distribuían era que le iban a comunicar que su ciclo estaba acabado.

El anuncio catastrófico nunca ocurrió.

Pero es apenas una pausa, esta historia de enredos, disparates y mentiras no se terminó. La AFA no despidió a Sampaoli ni el entrenador presentó la renuncia. ¿Entonces está confirmado hasta Qatar 2022? Ni por asomo. Solo los une la desconfianza.

Los dirigentes lo quieren lejos porque lo culpan de todo, pero ni se lo dicen en la cara ni lo asumen ante los medios. Sí, operan, lejos de la sinceridad que reclama la situación. Buscarán evitar el costo de echarlo e insistirán con viciarle la atmósfera.

Sampaoli no piensa rendirse fácilmente, y su resistencia no está movilizada por un contrato millonario que lo ampara, sino por el orgullo del entrenador que le reclama revancha. Siente que sin los condicionamientos de los jugadores históricos podrá revertir las críticas y construir su auténtico ciclo.

No asume que su credibilidad quedó desfigurada entre tantos giros tácticos y de liderazgo. Claudio Tapia jugará con los tiempos, convencido de que las dilaciones serán funcionales a su estrategia de desgaste.

 

Fuente: LaNación