Durante años fue el hermano del medio más entrañable de la televisión, el centro de la pregunta de su pícaro hermanito Arnold: ¿De qué estás hablando, Willis? Aún hoy lo llaman Willis por las calles, pero prefiere no darse vuelta cuando lo nombran así. Algo de él murió mientras interpretaba a ese querible personaje. Un drama que se atrevió a contar mucho después de ser acusado de un crimen, luego de las drogas, de la cárcel y del pozo depresivo.

Todd Bridges cumplirá 55 años el 27 de mayo. Todavía actúa, aunque sin la misma fama que lo persiguió en la década del '80 como el hijo de Phillip Drummond en Diff'rent Strokes (aquí una serie llamada Blanco y negro). Es el único sobreviviente de aquella ficción estadounidense "maldita" en la que la mayoría de sus personajes tuvieron destinos trágicos.

Muchos creían que el hecho de ser un niño actor había acabado con su futuro, que la tirana industria y la exigencia de productores habían bifurcado su camino. Pero Todd tenía un secreto que lo atormentaba.

Todo ese pasado que no podía soltar empezó a destruirlo, lo llevó a querer "tapar" el dolor y a intenta "borrar" episodios de su infancia como fuera. De allí que pasara de las páginas de espectáculos -su cara inundaba las revistas- a protagonizar las páginas de policiales.

El eterno Willis hoy vive con un poco más paz. Hace unos años se animó a contar ante cámara por qué las drogas eran su refugio. Ni sus compañeros de elenco sabían semejante tragedia. Un pedófilo que terminó siendo su manager lo lastimó a tal punto que bloqueó la capacidad de Todd de poder expresar lo que sentía. La perversión de un hombre impune que destrozó la autoestima de Bridges y liquidó su ascendente carrera.

De la fama al infierno​

Hijo de la actriz y directora Betty Alice Pryor, Todd nació el 27 de mayo de 1965, en San Francisco. Debutó como actor con apenas poco más de un metro de altura. Entre sus primeros trabajos, se lució en una participación especial en La familia Ingalls (1977), en el capítulo La sabiduría de Solomon, sobre el racismo y la discriminación.

En 1978 llegó a Blanco y negro y su vida jamás volvió a ser armoniosa. El golpe de popularidad fue inmediato. Hasta 1985 trabajó sin parar. Su persona de Willis fue tan potente e inolvidable que hasta tuvo su homenaje en el rock: Willis Drummond se llama una banda vasco francesa formada en 2005 en su honor. No todo era color de rosa: millones, fama, nuevos amigos, pero puertas adentro intentaba lidiar con algo a lo que no sabía cómo procesar: el abuso y la pedofilia.

"Mis propios compañeros no sabían del drama que yo atravesaba. Incluso en el programa hubo episodios en los que tocábamos el tema pedofilia y nadie sospechaba", confesó en 2010, en su libro, Killing Willis, que en Amazon se consigue por menos de 20 dólares. 

A los 20, Todd ya era adicto a la cocaína. A los 23 fue detenido por el asesinato de Kenneth Clay, un narcotraficante de Los Ángeles. En un principio, las noticias informaban que Willis había colaborado "en el crimen de un hombre que fue encontrado acribillado". El mediático Johnnie Cochran fue su abogado (el mismo que defendió a O.J Simpson). El hombre fue contundente: argumentó que detrás de Willis había un chico que había sido abusado y que la industria explotadora del entretenimiento lo había "empujado hacia las drogas".

Todd -o Willis, como es imposible no llamarlo- finalmente fue absuelto. Volvería la cárcel unos días por un caso de drogas. Restaba un largo camino y quedaba por resolver un dolor que lo desarmaba.

Borrando el dolor: recuerdos de un abusador

Hablar públicamente sobre los abusos que lo llevaron a un pozo depresivo (y eso, como una cadena hacia la droga y las actividades delictivas) no fue algo que Todd pudiera hacer fácilmente. Se fue animando "por etapas", hasta que un día se plantó ante las cámaras de Fox News y se prestó a una entrevista "a corazón abierto".

"Yo tenía solo 12 años y mi representante abusaba de mí. Mi padre se puso de su lado. Cuando cancelaron el programa, toda mi vida se cayó".

Fue por esos años que comenzó a experimentar el consumo de sustancias prohibidas. "Nadie se daba cuenta, era muy profesional. Ninguno comienza a consumir pensando que será adicto. Uno consume para ocultar su dolor".

Cuando el tema se le fue de las manos y estuvo detenido unos días por tráfico un juez se plantó y le dio a elegir: cárcel o rehabilitación. "Elegí recuperarme, pero no estaba del todo listo y cuando me internaron enfurecí en el hospital. El calvario incluyó "tres días atado a la cama".

"Mi representante se llamaba Ronald. Yo grababa el programa y en los recesos me manoseaba. Después, llegó lo más grave, me hizo sexo oral varias veces. Cuando sucedió la segunda vez, yo creía que eso significaba que yo era gay. Estaba confundido. Reuní el coraje suficiente para detener al tipo recién al quinto encuentro en su automóvil. Algo había cambiado dentro de mí, estaba harto de sentime mal conmigo mismo".

El perverso abusador sabía cómo hacer su trabajo psicológico. Y avanzó: "Ronald se enojó conmigo por ser rechazado y eso me asustó. Yo no estaba preocupado por que él me lastimara ya más de lo que lo había hecho. Yo estaba preocupado por haberlo decepcionado. Así era de exitoso él: se había metido en mi cerebro. Un depredador total".

La cuestión llegó a un punto crítico cuando Ronald visitó la casa de la familia de Todd una semana después de aquel último hecho. "Entró a mi habitación, relajado, despreocupado. Tan pronto como entró, salté y lo ataqué​, le di un golpe con toda mi furia y vergüenza".

​Cuenta Todd en videos que continúan subidos a YouTube: "Cuando me madre se dio cuenta de que yo estaba enojado por lo que me había hecho ese señor, volvió con un cuchillo de carnicero".

Ya era tarde para lamentos. El alma de Bridges estaba destrozada y no había consejo que pudiera servirle. Tendría que esperar un proceso interno largo hasta poder soltar esa historia.

Su vida hoy

No todas fueron noticias desfavorables sobre Todd en los medios estadounidenses. En 1998 salvó la vida de una mujer parapléjica y ese acto fue celebrado por sus aquellos fans de la serie que no olvidaban al pequeño Willis. La señora estaba pescando y cayó al agua. Bridges no lo dudó y la sacó a tiempo del lago. "Tiene un corazón de oro", dijo la protagonista, Stella Kline. "Lo comprobé después de que los medios solo dijeran cosas malas de él".  

Todd tiene dos hijos. El mayor, de 21 años, Spencir, es actor.

Su reinserción laboral no fue fácil.​ Ante la necesidad económica, llegó a aceptar cameos e intervenciones en realities. Hoy se reparte entre series y películas "de clase B" y un trabajo detrás de cámara.

Hoy también productor, Todd dice en sus redes sociales: "Producir es mucho más divertido que actuar. No tengo que trabajar duro para aprenderme la letra, solo trabajar para beber café", bromea. Activo en su cuenta de Twiter (@ToddBridges) apenas lo siguen 27 mil personas hoy. Muy religioso, suele compartir frases del estilo "no temas, Dios te cuida las espaldas".

Uno de los posteos que más conmovió a sus seguidores fue uno con una caricatura de su "antigua familia", los Drummond (Kimberly, Dana Plato; Arnold, Gary Coleman, y el padre Drummond, Conrad Bain), junto a una frase: "Aprender a perdonar. Dejar que tu pasado no arruine tu futuro. Perdonar a la persona que te hizo daño. Dejar ir el miedo".

 

Fuente: Clarín