Según datos del INDEC, durante el primer cuatrimestre del año, la economía cayó un 4,6% con relación al año anterior mientras que, para el caso de la industria en particular, el derrumbe llega hasta un 10,6%. Se trata de uno de los sectores más perjudicados por la política económica del gobierno a partir del acuerdo con el FMI que, con el propósito de contener el mercado de cambios y la bicicleta financiera, llevó las tasas de interés por encima del 70% comprometiendo la capacidad de financiar proyectos productivos, incentivando el redireccionamiento del ahorro a la especulación y afectando el consumo por la caída del poder adquisitivo del salario.

En el mismo período, desde enero hasta abril (últimos datos disponibles) el sector manufacturero perdió 3.784 puestos de trabajo de un total de los 14.546 que simplemente desaparecieron de los registros de la AFIP. Al igual que en el caso de las firmas activas, se trata de trabajadores registrados del sector privado. A escala de todo el empleo, según proyecciones privadas, la cifra podría triplicarse.

 

La destrucción del empleo industrial se desarrolló con ímpetu desde la asunción de este gobierno. De hecho en los tres años y cinco meses que van desde diciembre de 2015 a abril de 2019 se registran bajas netas de empresas manufactureras por la suma de 4.061. Se trata del 7,22% del total existente en aquel momento (56.268) que contrasta con el 3,3% de los cierres de empresas en general, 18.748, sobre el total de firmas activas en diciembre de 2015. A nivel del empleo industrial en el período de la gestión de Cambiemos se destruyeron 107.401 puestos de trabajo, más del doble, del saldo total negativo de 52.689 que incluye esas pérdidas.

Los datos, es menester aclararlo, no reflejan la totalidad del fenómeno. No sólo porque sólo abarcan las firmas registradas sino porque se trata del saldo de altas y bajas que no refleja todos los cierres. Además, hay compañías que cuentan con más de una planta y pueden haber cerrado las puertas de una sola de sus fábricas manteniendo activa su razón social. Del mismo modo, otras, pueden haber cerrado su planta productora y haberse reconvertido a empresas importadoras manteniendo sus registración en la AFIP algo que se ha verificado largamente en el sector textil y en autopartes, entre otros.  

 

Con todo y en parte por ese motivo, el eslabón más golpeado de la cadena productiva han sido los trabajadores. Es que, según el último dato disponible del propio INDEC, el del cuarto cuatrimestre de 2018, la distribución de la generación de ingresos entre patrones y obreros en el sector manufacturero tuvo una fuerte evolución regresiva a partir de los despidos y la pérdida del poder adquisitivo. Se verifica un retroceso del sector asalariado con relación a las ganancias capitalistas superior al de la media de la economía donde la participación del salario pasó, en un año, de 52,6% del valor agregado bruto del cuarto cuatrimestre de 2017 al 47,3% de ese cuatrimestre de 2018.

 

En el sector industrial, durante ese año, la participación del sector asalariado en el valor agregado bruto pasó del 44,3% a un 41,3% como resultado de un incremento de la remuneración total al trabajo asalariado de apenas un 36%, muy por detrás de la inflación. De hecho, el sector empresario no vio afectadas sus ganancias en términos reales a pesar de la recesión y la inflación. Así las cosas, el llamado “industricidio” recayó sobre la espalda de los trabajadores. En el sector industrial, durante ese año, la participación del sector asalariado en el valor agregado bruto pasó del 44,3% a un 41,3% como resultado de un incremento de la remuneración total al trabajo asalariado de apenas un 36%, muy por detrás de la inflación. De hecho, el sector empresario no vio afectadas sus ganancias en términos reales a pesar de la recesión y la inflación. Así las cosas, el llamado “industricidio” recayó sobre la espalda de los trabajadores.

Fuente: Tiempoar