La foto le llegó a ella también por whsatsap, como a muchos de sus compañerxs despedidxs del ministerio de Economía. Pero cuando se dio cuenta que era ella con su papá la publicó en las redes sociales, aunque no sabía el impacto que iba a generar. La foto es elocuente y simbólica. Julieta está en el piso sentada y abraza fuertemente a su papá. Se nota en esa imagen que el papá se tiró al piso para abrazarla. Atrás de ellos hay un bombo lo cual también explica que se trata de un lugar en conflicto. 
Esa noche, después de acostar a sus dos hijos pequeños—uno de cuatro y otro de un año y medio que aún toma la teta—Julieta la subió a las redes sociales con un epígrafe impactante: “Me llegó esta foto a través del whatsapp, desconozco el/la autxr. Somos mi papá y yo, después de enterarme que me quedo sin trabajo. Nosotros ya lo vivimos, él lo revivió hoy; al igual que en los noventa y con la privatización de Aerolíneas cuando lo echaron a la calle con mis hermanos y yo muy pequeños y a su cargo. Él lo sufrió, mi familia lo sufrió, hoy me toca a mí. Estamos tranquilos, nosotros ya no tenemos miedo. Yo no tengo miedo, hoy lo perdí. Abrazo a este hombre que me dio la vida y me enseñó a luchar! No llores papá, ahora me toca mí pelearla y sé que no voy a estar sola porque te tengo a vos!”

 

Julieta estaba de vacaciones en la costa tranquila junto a su familia, desconectada del celular, cuando por esos pálpitos entró al Facebook y tenía mensajes de sus compañeros diciéndole que estaban intentando localizarla porque no había buenas novedades en el ministerio, lugar en el que ella trabajaba hacía dieciséis años. En los últimos años había pasado al sector de prensa y comunicación. Ahora le hacía el clipping, gacetillas y panoramas a los ministros Nicolás Dujovne y Luis Caputo. Cuando entró, en 2002 pensó que algún día la pasarían a planta pero eso nunca sucedió. Estaba bajo el convenio de una ley marco y renovaba su contrato cada diciembre. Así lo hizo a finales de 2017. Por eso se fue tranquila. Pero el llamado de uno de sus jefes le cambiaron todos sus planes. “Julieta no sé cómo decirte esto pero vamos a prescindir de tus servicios”. 
Esa misma noche, acostó a los chicos, esperó que se durmieran y a las 2 de la mañana los subió al auto. Se volvieron. Durante todo el camino de la ruta se acordó de su papá, cuando en 1995 era empleado en Aerolíneas Argentinas y lo echaron sin causa y sin motivo. Su papá entró en una depresión feroz, no tenía como mantener a su familia, era el sostén de hogar y la estigmatización de ya ser un cuarentón y sin trabajo, lo hundió en los confines más oscuros. Como todos en los noventa, entró en un circuito de trabajo informal, de changas como albañil, en una empresa de tapizados para autos. Hasta que unos años después, cuando su hija Julieta había entrado a trabajar en el Estado, consiguió mandar un currículum para trabajar en mesa de entrada de ese ministerio.


Por eso, cuando a su papá le llegó el rumor de que había despidos en el ministerio y que en una de los edificios estaban haciendo una asamblea fue corriendo. Nunca se imaginó encontrar a su hija, para él ella estaba en la costa con su familia. Fue a ver si había un listado, si sería él esta vez el que le diera la noticia. Pero para su sorpresa, Julieta estaba sentada en el hall, agotada de no haber dormido la noche por haber viajado, y sobre todo, angustiada por saber que no tenía más trabajo, junto a otros 106 compañeros del ministerio. Así que apenas la vio en ese estado se le tiró encima y entendió todo. Él nunca pensó que la historia se volvería a repetir con su hija, casi a la misma edad que tenía él cuando se quedó sin trabajo.

 

El jueves 8 de marzo Julieta marchó junto a más de 500 mil mujeres en el Segundo Paro Internacional de Mujeres que tuvo como consigna principal “Basta de ajustes y despidos”.