El señor, que bien podría ser el abuelo de los policías que lo increparon, no le estaba haciendo ningún mal: estaba en Av. Rivadavia y Pasteur, pleno barrio de Once, vendiendo chipá. Pero eso pareció suficiente para que la Policía actuara en su contra.

 

Oficiales de la de fuerza que depende de Horacio Rodríguez Larreta le incautaron la mercadería y luego se lo llevaron detenido por “disturbios” en la vía pública, tal como pasó en casos anteriores.

 

Uno de los más famosos fue el de Maxi, el chico de los sándwiches, que se viralizó en redes y terminó hasta en el programa de Jorge Rial vendiendo sus productos. Otro caso conocido hace poco fue el del anciano que vendía maní y garrapiñadas en el aeropuerto de Jujuy. Y a ello se le suma la cantidad de músicos callejeros que son reprendidos por querer ganarse el mango tanto en los barrios porteños como en centros turísticos como Mar del Plata.  

 

La receta siempre es la misma: para mantener el ajuste se le da más poder a las políticas represivas. De ahí que la calle ya no sea lo que era para quien intente ganarse un mango cuando la inflación y el desempleo los hambrea.