Desde siempre, los alfajores han sido el souvenir más preciado que todo turista puede traerse de Córdoba (amén de artesanías y gratos recuerdos). Pero la gastronomía de La Docta tiene vida y estilo propio, mezcla en partes iguales de los aportes culturales de la fuerte inmigración española e italiana, combinada con el aporte de los aborígenes locales. Muchas de las comidas típicas de la capital provincial (empanadas, asado, pastas) son las mismas que se consumen en el resto del país, aunque con detalles propios que las distinguen.

En Córdoba también existe una gran variedad de postres, varios de origen griego, alemán y austriaco (como las facturas). Recorriendo la provincia se pueden degustar irresistibles delicias artesanales que son verdaderas marcas registradas: salames, quesos de cabra, aceites de oliva, miel, dulces, alfajores, vinos, hierbas aromáticas y cabritos, entre otros. Además, claro, de una enorme oferta de gastronomía gourmet.

PLATOS TÍPICOS

Muchas delicias jalonan el menú típico cordobés, como las clásicas empanadas: aquí se destacan por su toque dulce (pueden incluso estar cubiertas con un poco de azúcar), rellenas de carne, pasas de uva, papas y aceitunas. Hay versiones de postre (más pequeñas) cuyo relleno incluye dulce de leche, de membrillo, de batata (camote) o ricota endulzada.

Otra comida popularísima en restaurantes y hogares son las picadas a base de quesos, milanesa, aceitunas, berenjena en escabeche, pizza, papas fritas y salames, otras de las joyas regionales; es la excusa ideal para acompañar con las bebidas clásicas de la zona: vino, fernet (con Coca o con soda, en Córdoba es pasión de multitudes) y exquisita cerveza.

El otro punto ineludible es el asado, tanto de carne de vaca como de cabrito. En la zona de Traslasierra la carne se asa de modo particular: se elige un corte, se condimenta con ají, comino y pimienta y se lo mete en una bolsa de arpillera. La bolsa se cubre de engrudo y se asa en un horno de pan a altísima temperatura. El envoltorio se endurece y adentro la carne toma un sabor exquisito. Los cabritos de Quilino (donde se realiza anualmente la Fiesta Provincial del Cabrito) y de Altas Cumbres tienen justa fama, asados a la parrilla, a la cruz o cocinados a la cacerola, acompañados de fresca ensalada de berro o de tomates con orégano.

CRISOL DE SABORES

Ahora bien, ¿por donde empezar un tour de sabores? La provincia reúne unas 40 fiestas gastronómicas; once de ellas, como la nueva Semana Gourmet o la fiesta del chocolate alpino, se concentran en julio, aprovechando las vacaciones de invierno. Por supuesto, también ofrece distintas rutas alimentarias (de chacinados y quesos, del vino, del olivo, de sabores de los valles, del cabrito), todo tipo de maravillas.

Un buen ejemplo de la cultura culinaria cordobesa y sus acrisoladas influencias se encuentra en la bonita ciudad de Colonia Caroya, donde además de los mencionados platos y sus conocidos vinos (la provincia fue la primera en producir esta bebida en Sudamérica), se encuentran exquisitos platos italianos de origen Friuliano, como polenta blanca, fricco, salame al aceto, codeguines con batata, chorizos, rognosa y un exquisito pan casero. La producción local de salames, bondiolas, jamoncitos y fiambres artesanales deslumbra por su sabor y calidad.

En el Valle de Calamuchita la influencia alemana es tal que en Villa General Belgrano (famosa por su versión del Oktoberfest) las salchichas con chucrut, las tortas, los chocolates y las cervezas artesanales conquistan a todos los turistas. También se puede degustar una excelente pesca de río (truchas y pejerreyes), aceites de oliva y quesos de cabra.

En cuanto a la capital provincial, el pintoresco Cerro de las Rosas concentra los restaurantes de moda, como asimismo boutiques, bares y clubes; otro sector a recorrer es Nueva Córdoba, donde brillan los cafés y bares de la avenida Yrigoyen, sin olvidar el Centro Histórico... Descubrir a Córdoba y sus sabores propios es una aventura apasionante, y con una ventaja: puede realizarse durante todo el año.

 

Fuente: Planeta Joy