A tan solo un puñado de kilómetros de la Capital provincial, podemos recorrer áreas de conmovedora belleza natural como la pequeña localidad de San Clemente, ubicada a unos 80 kilómetros de la ciudad de Córdoba, en el valle de Paravachasca.

Siempre reconforta a la vista y al alma recorrer las rutas que conducen a la zona de Calamuchita y alrededores. El camino mismo es tan placentero como el destino. Salimos desde la ciudad de Córdoba con rumbo a Alta Gracia, vía Falda del Carmen, para continuar hacia la rotonda de Villa Ciudad de América; allí desviamos por unos 10 kilómetros hasta toparnos con el simpático Gaucho Urbano -obra del artista Antonio Seguí- junto a su pichicho, el celular y la copia de La Voz del Interior bajo el brazo.

En esa rotonda, iniciamos los últimos 20 kilómetros hacia San Clemente, ubicada entre Potrero de Garay y la Estación Terrena de Bosque Alegre. Este camino, otrora de tierra y de muy difícil tránsito en época de lluvias, fue recientemente asfaltado y complementa perfectamente la magia del lugar. Son 29 kilómetros de ascensos y descensos (trepamos hasta casi los 1.200 metros), rodeados de profundos valles, montañas ocres y verdes y extensos pinares, que nos recuerdan a paisajes más europeos que típicamente cordobeses.

Desde que dejamos al Gaucho y su tarjeta de crédito en la rotonda, transitamos a baja velocidad –respirando el aire puro y disfrutando del entorno– unos 19 kilómetros hasta llegar a una pronunciada bajada, que culmina en un bulevar tapizado de pequeños adoquines, los cuales anuncian el ingreso a San Clemente. Previamente, hemos atravesado Potrerillo, un cementerio, el río San Pedro y los arroyos Las Tazanas y La Granadilla.

 

El pueblo es realmente pequeño y cuenta con algo más de 200 habitantes. San Clemente se caracteriza por las truchas gracias al Córdoba Trucha Club. Estos peces de refinado gusto son criados en un estanque especial durante casi tres meses. En octubre, los socios del club reciben bolsas con las pequeñas crías. Luego, recorriendo a caballo, cuatriciclos y vehículos 4x4 depositan los alevinos en cada una de las nacientes de los ríos de las serranías circundantes. San Clemente también es uno de los portales de ingreso a la espectacular Quebrada del Condorito. Apreciar desde este parque los rasantes vuelos de tan majestuosas aves, resulta algo inolvidable.

Luego de atravesar las cristalinas aguas de arroyos y ríos de la zona, el olor a musgo húmedo, de colores tan brillantes que parecen salpicados por pintura flúo, invade el lugar. En nuestro camino cruzamos visitantes que llegan para disfrutar de cabalgatas por las sierras, amantes del ciclismo, del trekking o simplemente aquellos que se hacen una escapada para aprovechar la paz y la armonía entre hombre y naturaleza.

Seguimos rumbo hacia el otro extremo del camino, al Observatorio de Bosque Alegre. Sin embargo, antes debemos sortear el río San José. Si bien existe un vado de cemento, con cada pequeña creciente, el río se vuelve tan caudaloso que vehículos comunes no pueden atravesarlo. En este momento, unos 30 centímetros de agua superan la altura del vado, pero con fuerza importante. 

 

 

Fuente: Voy de viaje.